Hay pueblos que nacen como nacen los árboles: lentamente, sin ruido, arraigados en la tierra. Y hay otros que nacen mirando el horizonte con los ojos abiertos de la historia. Yumbel pertenece a estos últimos.
Hace 441 años, en 1585, en medio de la incertidumbre de la frontera sur del Reino de Chile, el gobernador Alonso de Sotomayor ordenó levantar el Fuerte San Felipe de Austria al pie del cerro Centinela. Aquella fortificación no era solo un muro ni una empalizada militar: era un punto de vigía en medio de la inmensidad, entre el estero Yumbel y el estero Bermejo, donde los hombres aprendieron a mirar la tierra con prudencia y esperanza.
Desde ese momento comenzó la historia de una ciudad que sería destruida, reconstruida y vuelta a levantar una y otra vez. Siete fundaciones, dicen los historiadores. Siete maneras de volver a creer. Porque Yumbel siempre ha tenido algo de terquedad luminosa: cada vez que la historia la empujó al suelo, volvió a ponerse de pie.
Incluso su nombre parece anunciarlo. Yumbel proviene de los vocablos mapuches um y pel: “luz de la aurora”, o “resplandor del amanecer”. Una imagen hermosa para una ciudad que, desde sus orígenes, aprendió a nacer muchas veces.
Pero la historia de los pueblos no vive solo en los libros. Vive en la memoria colectiva, en las plazas, en las calles, en los pasos de quienes la habitan.
Hoy, esa historia volvió a caminar por las calles de la ciudad.
Esta mañana se realizó el tradicional desfile conmemorativo de la fundación de Yumbel, una ceremonia que año tras año reúne a las instituciones de la comuna para rendir homenaje a su origen. Frente a vecinos, autoridades y familias, desfilaron organizaciones sociales, establecimientos educacionales y agrupaciones que forman parte del tejido vivo de la comunidad.
Entre ellas destacó la impecable presentación del Colegio Raiquén, cuyos niños, profesores y funcionarios avanzaron con orgullo y disciplina, representando no solo a su establecimiento sino también el espíritu de una educación que cree en el futuro. La delegación fue encabezada por su nuevo director, don Eduardo Vega, quien acompañó con visible emoción el paso de su comunidad educativa.
Verlos marchar era, de alguna manera, observar la continuidad de la historia. Porque si hace más de cuatro siglos un fuerte militar vigilaba el territorio desde el cerro Centinela, hoy son las escuelas, las familias y los niños quienes sostienen el verdadero resguardo de la ciudad: su identidad, su memoria y su porvenir.
Yumbel cumple 441 años. Cuatro siglos y medio de incendios, reconstrucciones, fe, trabajo campesino y vida comunitaria.
Pero quizás lo más admirable es que, pese al paso del tiempo, la ciudad sigue haciendo honor a su nombre.
Sigue siendo, para quienes la habitan, una luz de aurora. Un lugar donde cada generación vuelve a empezar.
(Alejandro Viveros, Profesor de Educación General Básica – Tesorero Corporación Raiquén Yumbel)







